ATARDECER

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Remar mar adentro

4/3/15

La situación de los ancianos en la sociedad actual.





“Queridos hermanos y hermanas. La catequesis de hoy está dedicada a la situación de los ancianos en la sociedad actual.

Gracias a los avances de la medicina, la vida del hombre se ha prolongado, pero nuestras sociedades, a menudo basadas en el criterio de la eficacia, no se ha ensanchado el corazón a esta realidad”.

La cultura del descarte  considera a los mayores un lastre, un peso, pues no sólo no producen, sino que además constituyen una carga y, aunque no se diga abiertamente, a los ancianos se los desecha. Y muchas personas mayores viven con angustia esta situación de desvalimiento y abandono. Una sociedad sin proximidad, donde la gratuidad y el afecto sin contrapartidas van desapareciendo, es una sociedad perversa.

Fiel a la Palabra de Dios “la tradición de la Iglesia siempre ha valorado a los ancianos y ha dedicado un cuidado especial a esa etapa final de la vida. Por eso mismo, no puede tolerar una mentalidad distante, indiferente y, menos aún, de desprecio a los mayores, y pretende despertar el sentido colectivo de gratitud y acogida, para que los ancianos lleguen a ser parte viva de la sociedad”.

Los jóvenes de hoy serán los ancianos de mañana. “También ellos lucharon por una vida digna, recorriendo nuestras mismas calles y viviendo en nuestras casas. Tengamos bien presente que donde los ancianos no son respetados, los jóvenes no tienen futuro”.

… Queridos hermanos “recordemos hoy a los ancianos especialmente necesitados, que viven solos, enfermos, dependientes de los demás. Que puedan sentir la ternura del Padre a través de la amabilidad y delicadeza de todos”.

… “Queridos jóvenes, el camino cuaresmal que estamos recorriendo sea auténtica ocasión para que podáis alcanzar la madurez de la fe en Cristo”, ha indicado.

… “Queridos enfermos, participando con amor al mismo sufrimiento del Hijo de Dios encarnado, podáis compartir desde ahora la alegría de la resurrección”.

 Y por último, a los recién casados os deseo  que encontréis  “en la alianza que, a precio de sangre, Cristo ha estrechado con su Iglesia, la base de vuestro pacto conyugal”.

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