Jesús no quiere a sus discípulos legalistas, simplemente cumplidores de la Ley, como hacían los letrados y fariseos. Él plantea una moral de máximos, no de mínimos. "Se dijo a los antiguos...Pero yo os digo..."
Jesús propone tres puntos que son importantes en el seguimiento. Vivir en libertad. Salir del conformismo e ir más allá de la literalidad de las palabras. El único precepto es el amor donde se contiene todo. Y contraponer lo que se dijo a lo que él dice.
Con Jesús todo resulta nuevo. Deja la Ley para arraigar
en el Amor. La religión no es fuente de represión o un conjunto de
prohibiciones, sino un proceso que nos lleva a la plenitud. Dios no nos crea
con unos deseos y unos anhelos que sean imposibles de colmar. Dios nos llama a
vivir expandidos y extrovertidos como Él. No hay nada de fuera impuro. Son
nuestros miedos y nuestras cegueras los que nos hacen vivir atrapados en los cálculos,
los atajos y las estrategias para apropiarnos de lo que son regalos suyos. El
gran enemigo del amor es la apropiación indebida y los apegos.
Ser cristiano no es cumplir una lista de normas. Es vivir una vida que nace de Cristo. Sólo desde su amor, su ejemplo de entrega y servicio, podemos comprender y vivir lo que significa seguirle.
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