Jesús nos revela qué piensa de nosotros, sus discípulos, sus seguidores. Para él somos sal de la tierra; somos luz del mundo. La sal es un bien valioso, no se ve y sin embargo, saca los mejores sabores de los alimentos. La luz permite ver, orientarse, mostrar el camino de la Vida
La Buena Noticia es liberadora y exigente a la vez: necesita personas que le den cuerpo, que no se escondan, que salgan a la luz y pongan sabor a la vida. Ten coraje y hazte testigo.Ser sal y luz nos llama a vivir nuestra fe de manera auténtica, sin máscaras ni hipocresías. Esto implica ser coherentes en nuestras palabras y acciones, reflejando los valores cristianos.
"Brille así vuestra luz ante los hombres". Alumbrar es una cosa, es ayudar a otros con la luz propia a qué salgan de las tinieblas que les envuelven. Deslumbrar es otra cosa, es brillar tanto que ciegas a los demás. La luz provoca admiración, paraliza, ciega. Jesús nos llama a alumbrar no a deslumbrar. En tiempos de poca luz, de poco sol, de poca claridad, es un milagro cuando alguien se acerca a nuestras vidas, nos coge de la mano y nos guía por el camino. Agradezcamos todas esas manos compañeras que a lo largo de la vida nos han tenido paciencia y confianza.
Señor, ayúdanos a vivir de tal manera que nuestras palabras y nuestras obras iluminen y den esperanza a los demás.
Sal y luz
Somos un puñado de sal,
pequeños y frágiles,
pero capaces de despertar
el sabor escondido
en la vida de quien anda herido.
Somos una llama humilde,
una luz que tiembla,
pero que, cuando se da,
rompe la noche y abre caminos nuevos.
Los pobres, nuestros hermanos,
esperan manos que curan
y miradas que sepan
reconocer su dignidad.
Haznos, Señor,
sal que preserve la vida,
luz que acompañe sin imponer,
presencia que sostenga y anime.
Que nuestro paso sea leve,
nuestro corazón abierto,
y nuestra comunidad
un hogar donde la justicia y la ternura
puedan respirar de nuevo.
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