Tras anunciar que Jesús a los suyos que tenía que subir a Jerusalén donde tenía que padecer mucho, morir y resucitar al tercer día, les recordó que si querían ser discípulos suyos tenían que negarse a sí mismos, coger la cruz de cada día y seguirle s El. A la vida por la vida.
El seguimiento tiene unas condiciones. Negarse a sí mismo para poder afirmar a Dios. No confundir con infravalorarse, sino dejar que sea Dios el importante. Coger la cruz de cada día. No la que se crea o se busca, sino la que acontece. Y dar la vida por el Evangelio.
«El que pierda su vida por mi causa la salvará» Conviene aprovechar la vida para dejar una huella imborrable, que será cuando nos damos a los demás de una manera sencilla, amable, sin grandes pretensiones, sabedores que lo que hacemos es mostrar el amor que él nos ha dado.
Ayer nos hicieron una cruz en la frente. Nos pusieron un poco de ceniza para recordarnos lo efímeros y pasajeros que somos. Hoy Jesús nos invita a abrazar la cruz, a tomarla y seguirle. La cruz es todo aquello que nos pesa, nos carga, nos supera. Es toda la realidad que nos evidencia que no tenemos la capacidad de saberlo y poderlo todo. Cruz es ver nuestros límites e incapacidades con amor. Es reconocer las pérdidas, lo errores, los miedos, los egoísmos. Pero abrazar la cruz y seguir a Jesús es la única forma de convertirla en fuente de vida y resurrección.
Seguir el camino que se nos presenta en el Evangelio no es tarea fácil. La práctica de la oración y la participación activa en los sacramentos son herramientas esenciales que nos fortalecen en nuestro compromiso de seguir adelante, a pesar de las dificultades.
Se te va la vida en ti: tu trabajo/estudio, tu tiempo personal, tu gimnasio, tu cuerpo, tu... Y, ¿dónde queda el tiempo para Dios, para los demás? ¿Solo lo que te sobra es lo que darás de ti?
Amar de verdad implica entrega. Creer también. La cruz no
es fracaso, es camino de vida. ¿Te atreves a abrazarla con Jesús?
Tú que nos llamas a seguirte con un corazón sincero,
así como nos enseñas en el Evangelio,
danos la gracia de negarnos a nosotros mismos,
de tomar nuestra cruz cada día con amor y confianza,
y de caminar tras tus pasos con fidelidad.
Fortalece nuestra fe en las pruebas,
haznos generosos en el servicio
y valientes en el compromiso contigo.
Enséñanos, Jesús, tus caminos.
Vuelve a cautivarnos con tu amor.
Enséñanos, Jesús, a amar la vida entregándola.
Que no busquemos salvar nuestra vida lejos de Ti,
sino que la entreguemos con esperanza,
sabiendo que en Ti encontramos la verdadera vida.
Amén.


.jpeg)
.jpeg)
Comentarios
Publicar un comentario