Hoy celebramos el Bautismo del Señor. Jesús entra en el Jordán y, con Él, entra nuestra historia. No es un gesto simbólico más. Aquí se nos revela quién es Dios… y quiénes somos nosotros.
La luz de Belén se proyecta en las aguas del Jordán y desde ellas salta hasta la vida eterna. El amor mismo de Dios expresado sin merma en y por el hombre.
Un Hijo que ha nacido, que está en medio del mundo, como presencia de Dios definitiva para toda la humanidad. Es Hijo de Dios para revelar en medio de la historia el amor de Dios, la presencia del Espíritu. Qué importante es tener conciencia de ser hijo de Dios, amados de Dios, objeto de la complacencia del Altísimo. Esta experiencia del amor de Dios da un sentido nuevo a la vida llenándola de la luz potente de su misericordia. El Bautismo es el mayor don del cielo
Jesús, el Hijo amado, que pasó haciendo el bien (Hch10,34-38), curó, liberó y sembró esperanza. Desde siempre pasaste haciendo el bien. El hijo amado del Padre, en el que se complace. Nuestro hermano, en quien nosotros también somos hijos del Padre.
Pasaste haciendo el bien y nos llamas a incorporarnos a tu estela de bien, verdad, belleza. A ser uno contigo, amados en el amado transformados. Hoy nos llama a seguir sus pasos como hijos de Dios. Hoy nos toca a nosotros. Es tiempo de levantarse y ponerse en marcha.
Celebramos hoy que hemos recibido el mismo bautismo que Jesús. Por el bautismo somos hijos de Dios y se nos revela nuestra auténtica identidad. Tenemos si misma vida que es Amor. La esencia de Dios es su amor que se da, que se entrega, que se ofrece, se regala sin medida. Nuestra identidad es la donación y la capacidad de entregarnos. Dejemos que esa vida y ese amor compartidos sea la norma con la que se construyen nuestros días. Recordemos nuestro bautismo y activémoslo.
Dios Padre nos dice el día de nuestro bautismo que somos hijos suyos. Ningún otro título, carrera o máster se iguala a este. Saber que soy hijo de Dios y que Dios es mi padre, me hace vivir con una inmensa alegría y paz aún en medio de las vicisitudes de la vida. Todo está controlado por el padre y yo estoy en sus manos. Nada malo definitivo va a ocurrirme. Y por eso descanso en Él. Y todo lo demás vendrá por añadidura.
Hoy es un buen día para renovar nuestras promesas bautismales: renunciar al ego, a vivir sin Dios. Dar un nuevo Sí a nuestro credo: creer para vivir, comprometernos como auténticos hijos de Dios. Muy seguramente, se abrirán los cielos, el Espíritu bajará sobre nosotros y, Dios Padre dirá: ¿Podríamos perdernos de semejante dicha? ¡Claro que no!
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