Es necesario entender la finalidad de una norma para no terminar siendo esclavo de la misma. Toda regla es un medio que va enfocada a la finalidad de un bien personal o comunitario. Cuando se convierte en el fin resulta absurda y carente de sentido.
Demasiadas veces se ha pretendido someter al ser humano a las leyes. Sin embargo, la persona es lo primero. Con más motivo, el Hijo del hombre es señor del sábado. El sábado se hizo para el hombre. Jesús nos llama a priorizar las necesidades humanas.
"El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado" Se nos olvida que lo más importante son las personas, cuando las normas se imponen olvidamos al hermano que en su sufrimiento camina a nuestro lado. Las normas están para servir a las personas y no al revés.
Lo que está permitido es aquello que pone a la persona en el centro de las decisiones, de los proyectos, de las palabras, de los gestos Está permitido aquello que dé vida al hombre y no todo aquello que se la quite o la merme. Está permitido aquello que convierte al otro en prójimo al que acoger, cuidar y servir. Está permitido aquello que no excluye a nadie de la comunidad, de los que seguimos al Señor. Está permitido aquello que, fundado en el mandamiento nuevo, convierte al que sufre en sujeto a acompañar.
"El Hijo del hombre es Señor" Los fariseos vivían la relación con Dios en clave moralizante. Para ellos todo se basaba en el dualismo de "bueno" o "malo", de "se puede" o "no se puede". En clave "premio" y "castigo", "sagrado" o "profano". Lo "santo" y lo "pagano", la "vida" y la "muerte". Y la realidad es mucho más compleja, tiene más matices, tiene claroscuros, se camina en medio de intuiciones y no de certezas. San Pablo lo explica con sus palabras: “caminamos en la fe y no en la visión” (2Cor 5,7).
Los discípulos de Jesús están estrenando la libertad. La libertad es don y tarea diaria. A veces nos cuesta acepar la novedad del Evangelio. Nos quedamos en las tradiciones, la costumbre o el legalismo; en lo que siempre se ha hecho, sin atrevernos a estrenar la novedad profética que el modo de vida de Jesús implica.
Y Jesús como Maestro intenta transformar esa vivencia de la religión de las normas, para que los judíos redescubran la relación del encuentro con Dios. La misma que tuvieron los patriarcas del pueblo de Israel, la fe de Abrahán, de Moisés, de Jacob, de Elías, de Ruth y Rebeca. Conocer a Dios no es acoger el rol de esclavo, de siervo, de obediente y acrítico asalariado. No somos sus juguetes o su pasatiempo.
“No te fijes en su apariencia” (I Sam 16, 1-13) Mira en su corazón, no te fijes en la apariencia, nos viene a decir la palabra de Dios. Y en estos tiempos de tanta estupidez en las redes, de tanta apariencia, de tanto retoque, de tanta falsedad que brilla, no caigamos en la tontería de pensar que lo que se ve, y peor, lo que se aparenta, es importante.
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