¡Aquí estoy!

 


“Determinó Jesús salir para Galilea; 
encuentra a Felipe y le dice: «Sígueme” 
 (Jn 1,43-51).

Sígueme. Una palabra llena de vida, que compromete toda la existencia, te deja pensando y te revitaliza. Así es Jesús, no te da al principio grandes explicaciones, simplemente, deja todo y vente conmigo. Si le sigues, si obedeces, si te pones en camino, si le das tiempo, irás descubriendo nuevos horizontes en tu vida y una fuente de agua viva en tu corazón.

El conocimiento auténtico nace de la experiencia d encuentro. Jesús no es una teoría, ideología o una serie de normas. Jesús es persona que se conoce cuando se tiene relación con él. A él llegamos por la experiencia de encuentro que otros han tenido. Hay que ir y ver.


Felipe ha quedado impresionado de su encuentro con Jesús. Se lo dice a Natanael en Primer Anuncio, con todo el entusiasmo de su gozosa experiencia. Natanael se despacha con un frio "¿de Nazaret puede salir algo bueno?". Felipe apela a su experiencia propia: "ven y verás". Natanael pasa de la negación a la profesión de fe. Nosotros, como Felipe, estamos llamados a ser testigos, los que le acercan, los que ayudan a esa experiencia.

«Has de ver cosas mayores» Nos creemos que con lo que vivimos y leemos ya hemos visto la grandeza de Dios, pero ella está en nuestro corazón y cuando nuestra vida se llena de esperanza e ilusión de que lo que nos viene es el mejor regalo que podemos recibir y eso es el presente.


Los que queremos mostrar al Señor en medio del mundo tenemos que convocar, acercar a los otros a Jesús... y que sean ellos los que tengan la experiencia de encuentro transformador. Nuestra vida tiene que ser testimonio, que acercándose 'vean' y crean.

«En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».  El cielo se ha abierto cuando Jesús nos ha nacido. Envuelto en pañales y acostado en un pesebre, Dios se ha hecho hombre. Eso eleva nuestra dignidad al nivel divino. Por eso no nos ahoguemos en el límite, en la fragilidad, en lo caduco. Miremos y gocemos de lo ángeles de Dios que suben, que elevan, que ilusionan, que esperanza. También los que descienden y se acercan a lo que vivimos. Ángeles que se comprometen y acompañan la realidad. El hijo del hombre nos enseña a ser hijo de Dios.

Señor, 
ayúdanos a acoger tu luz hecha niño 
para que transforme nuestro corazón 
y nos haga testigos de tu amor. 
Te haces Señor el encontradizo en mi vida,
 pasas por mi orilla y me miras con cariño, 
te fijas en mí, sin importante lo que soy y lo que me falta. 
Quieres contar conmigo y yo te digo: 
¡Aquí estoy!

 

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