Jesús va a la otra orilla. Sale de su zona segura y se adentra en la incertidumbre. Va en una barca que sufre la tempestad de las dificultades. Unas olas que rompen certezas y control. Pero él duerme. Los discípulos reprochan. Jesús pide fe. Con él todo se serena.
La clave de este pasaje es la reacción de Jesús. Mientras los discípulos están aterrorizados, Jesús permanece tranquilo y sereno. Su respuesta a la tormenta nos enseña una lección valiosa sobre la fe. Es esencial tener fe, incluso cuando las circunstancias parecen desalentadoras
"Él les dijo: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?»". Confiar plenamente en Él. Dejar que sea Él y sólo Él quien guíe y sostenga nuestra vida. El miedo paraliza, la fe nos mueve, nos da confianza en el otro, vemos el futuro con esperanza, aumenta el compromiso y la caridad con los otros.
Fe es respuesta y es también el don de su amistad y su cercanía.
El miedo es la carcoma de la alegría. Limita la mirada, obstruye la posibilidad del encuentro. Aleja, enfría, separa. Por eso Jesús ha venido a expulsar todo miedo y todo temor. Cuando vivimos con confianza logramos ser nosotros mismos. No condicionamos nuestra expresión a si agradamos, o somos rechazados. La fe es la fuente de la paz interior, de la experiencia acompañada, de la seguridad en que somos amados y valiosos. Que tras todas las tormentas en las que nos vemos envueltos, disfrutemos de la calma agradecida.
«¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!» Ante el Señor sólo cabe la admiración y la adoración. La admiración, porque es capaz de calmar el mar y detener la tempestad, con todo su poder. La adoración pues el Señor es Dios y a Dios hay que obedecerlo, venerarlo y adorarlo. Su poder y gloria son refugio del indefenso.
El evangelio nos invita a mirar en la barca de nuestro corazón y a descubrir allí la presencia silenciosa y firme del Señor que ante una sola queja nuestra acalla el viento del miedo y derrama la paz, dejándonos en el alma la necesidad de crecer en la fe para seguir proclamando que Jesús es el Hijo de Dios, nuestro Salvador.
Señor, aumenta mi fe para confiar en Ti
María, Madre, enséñanos a confiar en Jesús,
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