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MADERA DE CEDRO


Hay una vieja leyenda alemana que nos habla de un monje llamado Bertram. 
Había vivido durante muchos años en un monasterio, donde ejecutaba muy buenas obras de escultura porque era un artista. 
Un día el abad le mandó que hiciera un Santo Cristo para el altar mayor: pronto les iba a visitar un Cardenal y sería gran cosa poder mostrarle esa imagen ya realizada y en su sitio.
El pobre monje andaba un poco angustiado a causa de que no disponía de la madera adecuada para esa importante talla. 
"Si tuviera madera de cedro del Líbano...", se decía. 
Pero es que en el taller sólo disponía de una madera de roble medio carcomida, y con eso, ¡a ver qué iba a hacer! 
Nada, ni estatua ni nada. 
Con cedro del Líbano ya sería otra cosa, pero de dónde sacaba él cedro del Líbano...
Dando vueltas y más vueltas a estos pensamientos le venció el sueño y se durmió.
Mientras dormía, narra la leyenda, ocurrió algo extraordinario. 

Un ángel bajó del Cielo, cogió las herramientas de Bertram y empezó a trabajar. 
Para ello se hizo con la vieja madera de roble que andaba medio tirada en un rincón. 
Al final quedó terminada la imagen. 
Bertram, según despertó y la vio, quedó maravillado. 
Luego refirió al abad el prodigio, y éste le hizo el siguiente comentario:
-"Mira, Bertram, el Señor no quiere que nos agobiemos soñando con lo que haríamos si tuviéramos lo que otros tienen, o angustiados por encontrar una mejor situación distinta a la que vivimos ahora. 
Lo que quiere el Señor es que hagas lo posible y con los medios de que dispones, que no vivas en un mundo de fantasías sino que aterrices en tu propia realidad, que seas honesto, que te aceptes como eres, que aceptes sin miedo, sin complejos, la situación concreta en la que te encuentras AHORA, sin lamentarte. 
El Señor quiere que luches día a día, con los dones y talentos que Dios te ha dado (que tienes muchos), por hacer mejor aquello que hoy ves peor".

Comienza a hacer una talla de tu corazón con la vieja madera de roble, con lo que eres, con tus miserias y pecados. 
Dios no te condenará sino que te perdonará y te acogerá en sus brazos, como padre tuyo que es. 
Dios hará posible en ti, un corazón nuevo, resistente y frondoso, como la madera de cedro del Líbano, te dará un corazón capacitado para salir de tu egoísmo que te esclaviza y poder entrar, así, en una nueva dimensión: aquella del AMOR, del SERVICIO, del PERDÓN, incluso, a los que te rechazan. 
Esa es la única forma de ser verdaderamente feliz.

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