"Cercanos ya a la Navidad, les
propongo hoy una reflexión sobre el nacimiento de Jesús como expresión de la
confianza de Dios en el hombre y fundamento de la esperanza del hombre en Dios.
El Verbo no se ha encarnado en un mundo ideal, sino que ha querido compartir
nuestras alegrías y sufrimientos, y demostrarnos así que Dios se ha puesto de
parte de los hombres, con su amor real y concreto. Y nos «regala» una energía
espiritual que nos sostiene en medio de las luchas y fatigas de cada día. La
Navidad nos puede ayudar a pensar dos cosas: La primera es que, en su
natividad, Dios se abaja, se hace pequeño y pobre. Por eso, si queremos ser
como Él, no podemos situarnos por encima de los demás, sino que hemos de
ponernos a su servicio, ser solidarios, especialmente con los más débiles y
marginados, haciéndoles sentir así la cercanía de Dios mismo. La segunda: ya
que Jesús, en su encarnación, se ha comprometido con los hombres hasta el punto
de hacerse uno de nosotros, el trato que damos a nuestros hermanos o hermanas
se lo estamos dando al mismo Jesús. Recuerden que quien no ama a su hermano, a
quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve."
FRANCISCO, 18-12-13
Comentarios
Publicar un comentario