Pequeños

 

"Cada vez que lo hicisteis 
con uno de estos, 
mis hermanos más pequeños, 
conmigo lo hicisteis”.  
(Mt 25,31-47).  

El Señor describe el Juicio Final como el momento en que separa lo bueno de lo malo, las personas que dejan huella de las que pasan de puntillas por la vida. Entre las primeras se encuentran los niños y los pobres. Unos porque son sencillos y otras porque carecen de lo necesario.

 "¿Cuándo te vimos con hambre o con sed?" La Cuaresma es un centrar la mirada en Dios y en los demás. Lo que llamas cielo empieza aquí y ahora cuidando del hermano. Lo que llamas infierno empieza aquí y ahora descuidando a Dios y los demás. 

El evangelio de hoy nos das una clave de bóveda para nuestra vida cristiana. Una piedra angular para vivir la vida unidos a ti. Todo lo demás es ideología. Religiosa, política o social. 

Este pasaje nos recuerda que en el rostro de cada hermano, especialmente aquellos en situaciones de pobreza, enfermedad o soledad, se encuentra el rostro de Cristo mismo.  Reconocer a Cristo en los demás y servirles con amor es la esencia de nuestra vocación. Cuando más nos damos en servir a los pequeños, mostramos la voluntad de Dios en quienes más lo necesitan, en lo humilde se manifiesta y demuestra su grandeza y nosotros haciendo el bien lo hacemos vida. 


Nos lo pones muy fácil Jesús. No te tenemos que buscar en las alturas, en lo invisible, en lo espiritual. Vives en cada corazón humano. Y la forma de amarte es acogerte y cuidarte en cada persona con la que nos encontramos. Amar a Dios cada vez se concreta más en acoger y cuidar lo humano. "Quien dice que ama a Dios y odia a su hermano es un mentiroso". Nuestra fe se visibiliza en la calidad de nuestra escucha, de nuestra generosidad, de nuestra atención puesta al servicio de los más necesitados. 


El Espíritu nos regala hermanos inesperados, nos enseña a unir la fe y el amor. La fe es el alma del amor. Ver a los últimos, estar con ellos, acogerlos, es estar con Jesús. No te acostumbres a esta palabra. Deja que te toquen los que están en los márgenes. En cada marginado al que acoges, Dios te visita con misericordia, te llena la casa de vida. 

El sufrimiento siempre tiene nombre y rostro. No es una idea abstracta. ¿Quién necesita hoy tu cercanía, tu tiempo, tu ayuda concreta? Ama con hechos. 

 Oh María,
Madre de misericordia y amor,
enséñanos a ver a tu Hijo
en los más pequeños y necesitados.
Danos un corazón humilde y generoso,
capaz de servir sin esperar recompensa,
de consolar al que sufre
y de amar como Tú amaste.
Virgen Santa,
acompáñanos en nuestro caminar,
guíanos hacia Jesús
y ayúdanos a vivir el Evangelio cada día.
Amén.


 


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