Cree
Dios está tan activo y presente en nuestro mundo como siempre. Hay mucho milagro cotidiano, mucha sed de Dios en los corazones, mucho buscador y buscadora del amor de Dios. Con mirada limpia podemos reconocer en nuestras biografías que nunca nos ha faltado la presencia acompañante de Dios. Dios sigue amando tanto al mundo que envía a su Iglesia, para que tengan vida.
El Padre actúa y Jesús también. Acciones que requieren una mirada sencilla, humilde, sincera para percibirlas. Es el Dios de los pequeños detalles, la vida cotidiana, la rutina extraordinaria. El Dios de la sonrisa, la palabra amable, el gesto cercano, la mano tendida.
Ese trabajo del que el Padre y el Hijo no descansan es el de dar VIDA y sostenerla. Yo no te olvido. No te abandono. Cuido de ti. Eso hace Dios con nosotros
Jesús se siente enviado y unido al Padre. Enviado a anunciar la bondad de Dios. Unido al Padre totalmente, de quien hace la voluntad. Su Palabra, y la del que le envió, es dadora de vida, una vida que llena de sentido, que da verdad. El juicio es de vida, un juicio que tiene en cuenta la dignidad de ser hijos. El juicio de Dios está cimentado en el amor.
La clave para la enseñanza del evangelio de hoy nos la da la afirmación “Yo soy la Resurrección y la vida” dice el Señor.
Dios le ha dado el poder de juzgar, el de resucitar y dar vida eterna. Un juicio que se realiza desde la Cruz y la balanza siempre se decanta hacia el lado de la misericordia.
Jesús ha venido a transmitirnos la vida plena del Padre.
El Hijo de Dios, se presenta semejante al Padre, capaz de dar vida, más allá de la muerte. La obstinación del momento presente consiste en aceptar la muerte como final, antes que acoger la propuesta de vida que ofrece el Señor: preferir la muerte a aceptar una vida plena.
La muerte es parte de la vida… pero es un duro trance. La esperanza en la resurrección te dará paz. Confía.
“¿Cómo es mi fe en Jesucristo? ¿Creo que Jesucristo es Dios, el Hijo de Dios? ¿Esta fe me cambia la vida? ¿Hace que mi corazón se renueve? Se trata de una invitación a descubrir la calidad de la fe, conscientes de que esta es un don. Nadie merece la fe. Nadie la puede comprar. Háganse la pregunta: ¿Mi fe en Jesucristo me lleva a la humillación? No digo a la humildad: a la humillación, al arrepentimiento, a la oración que pide: Perdóname, Señor, y que es capaz de dar testimonio: Tú eres Dios. Tú puedes perdonar mis pecados”. (Papa Francisco)
«Quien escucha mi palabra y cree al que me
envió posee la vida eterna» La Palabra es la que constituye la raíz de
los cristianos, escucharla es hacerla realidad y sentirnos desde la comunidad
reflejo de la Trinidad que nos lleva a la plenitud de la vida.
Es contundente aquella Verdad que nos hace libres, es el mismo Jesucristo que se manifiesta para darnos vida en abundancia.
Yo si Creo en la Resurrecion del Alma eso espero encontrarme con todos mis familia y con mi Dios
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