ATARDECER

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Remar mar adentro

3/6/17

"Sígueme".




“En la cena se había apoyado en su pecho” 
 (Jn 21,20)    


Lo fundamental de este evangelio es "Sígueme".

Seguir a Jesús en la predicación y en el servicio sin mirar atrás ni compararse con nadie.

Este seguimiento se extiende a los cristianos de todos los tiempos.

Es por eso que cuanto hizo Jesús no cabría en todos los libros del mundo porque sigue vivo y actuando en cada uno de nosotros y en cuanto hace la iglesia.

¡Qué importancia tienen para toda la comunidad los que se han sentido amados por Jesús y han buscado frecuentemente su intimidad!

Da apoyo y aliento a todos los que viven con el corazón encogido por el terrorismo.

Busco cada día la intimidad contigo.   

Mi corazón, Señor, es para ti.

Gracias por las presencias alentadoras que encuentre entre la gente.  


Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque eres bueno
porque tu misericordia es infinita

Has puesto tu mirada en mí, Dios de amor.
¡Que puedo decirte si Tú me conoces del todo!
Me he quedado mudo ante tu presencia
porque soy poca cosa y, sin embargo, me amas.

Al más infiel de tus siervos
muestras tu mirada de amor
y le dices: ¡Levántate! ¡Sígueme!

Y yo, escuché tu voz y confié en ti.
Señor confío en ti, porque tú eres amor,
justicia y misericordia infinita.

………………………….

Cuando la inquietud nos lleva una y otra vez
a las tareas de siempre con esperanza nueva,
a encarnarnos donde no se estila,
Tú estás con nosotros,
aunque te creamos ausente.

Cuando remamos a oscuras en medio de la noche,
y nos sentimos cansados y solos
al ver nuestras redes vacías,
Tú estás presente,
aunque nuestros ojos no sepan reconocerte.
De madrugada, cuando la luz vence a las tinieblas,
después de una jornada larga y monótona,
Tú estás en la orilla,
para iluminar nuestras sombras
y hacernos nuevas propuestas.

Cuando las redes se nos llenan .
y la vida llega en abundancia,
Tú estás abriendo nuestro horizonte;
somos capaces de reconocer tu presencia
y saltar al agua sin nada encima.
A la hora de comer,
preparada la mesa,
Tú bendices la comida
y, mientras compartimos y miramos,
todos sabemos que eres el amigo de siempre.

Cuando tomas la palabra y me preguntas,
en público o en privado, si te amo,
Tú sabes que te quiero;
y, aunque me lleves a donde no me gusta,
extiendo mis manos para agarrar las tuyas.
 

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