ATARDECER

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Remar mar adentro

4/4/17

Mirar a Cristo







“El que me envió es veraz 
y yo comunico al mundo 
lo que he aprendido de él 
(Jn 8,26)  


Aceptar que Dios se hace uno de nosotros cuesta porque nos pasamos la vida luchando por subir en la sociedad, en el trabajo... Nuestro pecado es el endiosamiento, sobresalir de alguna manera.

A los judíos les pasaba algo parecido. 
Muchos judíos no están abiertos, no creen en Jesús. 
No pueden disfrutar de su Palabra y de su amor.



Cuando pase el mensajero
que no me encuentre dormido,
afanado en otras metas,
indiferente a su voz.
Que no sea su relato
semilla que el viento barre
o luz que a nadie ilumina.
Cuando pase el mensajero
que no le vuelva la cara
para esquivar su propuesta.

Se presentará en un libro,
en un verso,
o será estrofa de un canto
que me envuelva.
Vendrá, tal vez, en un amigo,
en un hombre roto,
o en el pan partido.
Le abriré la casa,
pondré en juego el corazón
y escucharé, con avidez,
sus palabras.

Y entonces
me cambiará la vida.

José Mª Rodríguez Olaizola, sj


Mientras no nos sentimos necesitados de amor y perdón, no aceptamos nuestra condición humana. 
Seguimos en nuestro pecado.


Sólo un corazón manso siente necesidad de abrirse a Dios



Cristo nos desvela el secreto de su éxito. 
Es sencillo: basta con cumplir la voluntad de Dios. 
Eso es todo


Jesús hace siempre lo que le agrada al Padre. 
Ni siquiera Jesús, el Hijo de Dios, actúa por su cuenta. 
Su alimento es hacer la voluntad del Padre. 
Buscar y cumplir su voluntad, aún en medio de debilidades propias y de las incomprensiones ajenas, alimenta nuestra fe el Dios, da sentido a la vida y, aunque parezca una contradicción, ensancha los límites de la libertad

“Danos luz para conocer tu voluntad y fuerza para cumplirla”

. Señor, gracias porque siempre estás a mi lado.


Lo que Jesús hace está lleno de Espíritu. 
El Espíritu de la verdad lo impulsa, lo motiva, lo alienta, da pleno sentido a su acción comunicadora. 
Jesús te abre su corazón, comparte contigo su forma transparente y valiente de vivir. 
Cuando acoges el amor de Jesús que da sentido a tu vida, ¿cómo no comunicarlo a otros?   


Espíritu Santo, gracias por darnos este deseo de salir y hablar de Jesús. 
Gracias por hacernos personas evangelizadoras, que comunican con gozo la vida nueva encontrada en Jesús.
 

Cuando levantéis en alto al Hijo del Hombre, cuando veáis morir al Justo en la cruz más injusta, cuando lo miréis y descubráis que en su mirada sólo brilla la comprensión y en su corazón únicamente late el amor, cuando sientas que Él ha muerto por vosotros, por ti, porque te ama... entonces comprenderéis.



Si quieres conocer de verdad a Jesús levanta los ojos y contempla al que está colgado por ti en la Cruz.



Señor, levantamos los ojos hacia Ti con una mezcla de vergüenza y confianza. 
Tu mirada nos transforma y nos cura.
Te miramos recién nacido en Belén. 
Tu pequeñez cura nuestras ambiciones y en nuestro corazón crece la ternura.
Te miramos rodeado de niños, mujeres, publicanos… 
Tu cercanía a ellos cura nuestros favoritismos y nos ayuda a compartir la vida con los más pequeños.
Te miramos cuando rezas al Padre. 
Tu rostro transfigurado cura nuestra incredulidad y nos anima a abrir del todo el corazón a Dios.
Te miramos como la mujer acusada de adulterio y en tus ojos sólo brillan el amor y el perdón, el perdón que pacífica y cura el alma.
Te miramos lavando los pies a tus discípulos. 
Tu humildad cura nuestra vanidad y nos invita a servir a los hermanos.
Te miramos clavado en la cruz más injusta. 
Tu entrega cura nuestros egoísmos y nos mueve a compartir la vida entera.
Te miramos resucitado y glorioso. 
Tu vida nueva cura nuestras desesperanzas para que gocemos y compartamos tu alegría.

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