ATARDECER

ATARDECER
Remar mar adentro

20/3/17

Ponte en las manos de Dios






“Cuando José se despertó 
hizo lo que le había mandado el ángel del Señor” 
(Mt 1,24)   



Cuando José se abandonó confiadamente en Dios, encontró el camino.

Sus noches se convirtieron en noches de salvación. 

José se implica más allá de lo razonable, rompe barreras lógicas y se sitúa en el amor que se hace cargo del otro

A veces el plan que Dios tiene para nosotros no es fácil. 
Pero ponte en sus manos, confía. 
¡Sin miedo!  


No pierdas la luz del corazón que te ha iluminado durante la noche.

Sal a la luz del día con la alegría que brota del encuentro con Dios.

Él siempre recrea tu vida.   


Tu Palabra, Señor, nos pone en camino de fe confiada, 
tu Luz alumbra nuestra noche, 
tu Gracia nos sostiene y cobija.   

¡Bendito José! 
Que como decía la santa Teresa de Jesús, "no me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer" (Vida 6, 5).

NOS HABLAS, JOSÉ
Con tu silencio como respuesta y con tus pisadas, suaves y humildes,
nos muestras el camino de la fe.
Con tu silencio, obediente y puro, hablas, más que con palabras, con tus propias obras.
¡Sí; José!
Acercarse a tu pecho es sentir el rumor de Dios saber que, en la soledad y en la prueba, es donde se demuestra la grandeza que presumimos la verdad o la mentira de lo que somos.
Nadie como Tú, José, habló tanto en imperceptibles palabras: 

Tu vida fue un canto a la obediencia, 
Tu caminar se convirtió en letra impresa,
Tu sendero marcó un antes y un después para los que, como Tú, queremos seguir dejando huella.

¡NOS HABLAS, JOSÉ!
Desde la bondad frente a tanto odio
Desde la fe ante las dudas que nos rodean
Desde el silencio cuando el ruido nos atenaza
Desde la responsabilidad cuando caemos bajo el peso de nuestras fragilidades

¡NOS HABLAS, JOSÉ!
En sueños que, mirando al cielo, se convierten  en destellos divinos
En sueños que, mirando a la tierra, nos empujan a ser decididamente rectos
En sueños que, en las noches oscuras, disipan preocupaciones y horas amargas.

¡NOS HABLAS, JOSÉ!
Sin elocuencia pero con la verdad de tu vida
Sin ruido pero con la decisión de tu cayado
Sin, subidas o bajadas de ángeles, pero con los pies en la tierra
Sin riqueza en tu hogar ni monedas en tu túnica pero con el tesoro inmenso de tu fe sin límites.
¡Sí! ¡Así nos hablas, José!
Toda tu vida es páginas por escribir de alguien que ya habló con su propia existencia. 
Amén

Javier Leoz