ATARDECER

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Remar mar adentro

17/3/17

Déjate encontrar por Jesús




“Por último les mandó a su hijo” 
(Mt 21,37)  

Los Sumos Sacerdotes y los fariseos se dieron por aludidos al oír la parábola. 
En el fondo sabían que no actuaban según la Ley de la que tanto se enorgullecían. 
Cuesta sacrificar el prestigio y aceptar que estás equivocado. Cuando esto ocurre tendemos a silenciar a quien nos complica la vida ya sea con sus palabras o con su manera de obrar.


La Iglesia molesta a muchos porque tiene una radical propuesta de vida. 
¿Y tú, la aceptas o la ignoras?

• Señor, ayúdame a descubrir lo que esperas de mí para bien de los hermanos.


Y en Jesús, su Hijo entregado, lo dijo todo y lo dio todo. 
Ya no tiene más. 
¡Hasta ahí llegó la locura de amor del Padre por todos! 
Y ahí sigue Jesús, llamando cada puerta. 
Haz silencio. 
Escucha a Jesús. 
Que Él ilumine las oscuridades que llevas dentro. 
Jesús en persona se aproxima a tu camino, quiere entrar en tu historia. 
Déjate encontrar por Él.   


Jesús, peregrino de amor. 
Aquí nos tienes. 
Estamos dispuestos a tratar de amistad contigo en nuestra interioridad. 
Tú que tienes paciencia con nosotros, no pases de largo.

Señor de la existencia: ¡Quién supiera hacer de su entera vida
una acción de gracias,
y de todos los latidos de su corazón
una alabanza a tu nombre!
Anunciar, lo mismo en las horas felices
que en la desgracia,
la fidelidad de tu amor que nunca disminuye.

Señor de la existencia:
Tus acciones son la fuente de mi alegría
y en tus obras, se sacia mi corazón, siempre insatisfecho.
¡Qué sabio es tu proceder con los humanos!
¡Qué profundos los caminos que abres al que llamas para ti!
Los necios quieren guiarse por su propia razón,
¡y todos sus pasos conducen al atolladero!

Cuando parece que el triunfo va a coronar sus esfuerzos,
el gusano de la amargura
o el fuego de la incertidumbre
ponen fin a su orgulloso florecer.
Porque todo el que no siembra contigo, desparrama;
y la vida que no se nutre de ti
enflaquece sin gracia y sin destino.

Señor de la existencia: 

Tú viertes en mis venas aromas de esperanza
y templas mis nervios
con las armonías del más virtuoso instrumentista.
Por eso, el conjunto de mis años
será una gozosa melodía,
una cantata de los más gloriosos acordes,
que hará enmudecer de asombro
a todos los que negaron tu necesidad y tu presencia.

El que confía en ti, Señor,
escapa a los juicios mezquinos de la historia,
y sus raíces, bien regadas, dan fruto
más allá de los cambios de ideologías, modas y poderes.
¡No hay frustración para quien se abandona a tus destinos,
ni vejez o enfermedad que no lleven sus frutos de madurez!

Señor de mi existencia:
¡Ojalá fueses Tú el único músico de mi vida;
y yo, únicamente, cantor de tus verdades!
 

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