ATARDECER

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Remar mar adentro

25/9/16

Dios hará ricos a los pobres





A veces nos sentimos como Lázaro: pobres, olvidados, hambrientos...
Y Dios sale a nuestro encuentro y nos da mucho más de lo que podríamos siquiera soñar.
El Señor es para nosotros riqueza, cercanía, pan de vida.

Pero no podemos negar que en muchísimas ocasiones nos parecemos más al hombre rico: satisfechos, egoístas, insensibles...
Y Dios nos advierte cuál es la meta de este camino: el sufrimiento, la angustia, la soledad...
Dios nos llama a la conversión, porque quiere la salvación, la felicidad de todos.

Estamos llamados a ser transparencia del amor de Dios.
Él consuela a los pobres e invita a los ricos a abrir su corazón a los necesitados.
 

Danos entrañas de misericordia frente a toda miseria humana; inspíranos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado; ayúdanos a mostrarnos disponibles ante quien se siente explotado y deprimido.

Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando.

Que quienes te buscamos sepamos escuchar tus llamadas en la vida de cada día y crezcamos en fidelidad al Evangelio; que nos preocupemos de compartir en el amor las angustias y tristezas, las alegrías y esperanzas de todas las personas, y así les mostremos tu camino de reconciliación, de perdón, de paz.

Dios Padre Bueno, te damos Gracias, porque Tú nos recuerdas  que no podemos vivir cada día ignorando al prójimo y nos enseñas a ser sensibles  y solidarios con los más débiles, y con quien sufre y necesita nuestra ayuda  y consuelo.

Te pedimos hoy,  que Tú nos ayudes a ser misericordiosos, como Tú, que eres Dios del Amor y la Misericordia, para que nos compadezcamos del dolor  y sufrimiento de cada uno de nuestros hermanos más necesitados.
Dios Padre nuestro, ten Misericordia de nosotros y no permitas que permanezcamos ciegos ante el sufrimiento y el dolor de los demás y no nos dejes caer nunca en la tentación del egoísmo, de la indiferencia, o de la ceguera ante el dolor e injusticias.

Ayúdanos a ser generosos y a compartir lo que somos, nuestros bienes materiales y nuestro tiempo con las personas más débiles de nuestra sociedad, y con cada hermano nuestro que necesite nuestra ayuda, nuestra comprensión, nuestro consuelo y tu Misericordia.

¡Transfórmanos, Dios Bueno, en instrumentos eficaces que logren ser un reflejo de tu Misericordia en el mundo!

Ayúdanos a escuchar la Voz de tu Voluntad que habla a través de las personas y circunstancias que Tú pones en el camino de nuestra vida cotidiana.

Dios Bueno, ten Misericordia de nosotros y no permitas que los bienes materiales nos impidan ver al hermano, ni que se nos cierre el corazón, para poder trabajar siempre buscando el bien común para logra un mundo mejor. 
Amén


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