Le atraen los corazones humildes.




“Porque todo el que se enaltece será humillado;
y el que se humilla será enaltecido”
(Lc 14, 11).
 Jesús conoce bien el corazón del ser humano 
y su ambición,
pero no quiere que nos equivoquemos.
A Él le atraen los corazones humildes.
María, eres el ejemplo más claro de los gustos de Dios.
Le gustó tu humildad;
por eso te ensalzó y ahora todos te llamamos bienaventurada. 


 Proclama mi alma la grandeza del Señor.
Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador,
porque ha mirado la humillación de su esclava.  

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