ATARDECER

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Remar mar adentro

22/10/11

EN EL AMOR SE ALCANZA EL FIN DEL HOMBRE


"Prestadme atención. ¿Busca alguno de vosotros el dinero? No pongas en él tu fin. Pasa adelante como peregrino. Busca donde te alojes de paso, no donde te quedes de asiento. Mas, si amas el dinero, ya estás enredado en la avaricia. La avaricia será para ti como una traba en los pies, de manera que no puedas dar ya un paso adelante. Pasa, pues, por encima de todo eso. Busca el fin.
¿Buscas la salud del cuerpo? No te detengas tampoco ahí. ¿Qué es, en efecto, esa salud del cuerpo, que con la muerte de todo punto se acaba y con la enfermedad se debilita? Salud, por cierto, ligera, mortal y escurridiza. Bien está que la busques, a fin de que una salud quebradiza no te sea obstáculo para tus buenas obras. Luego no está el fin en la salud, como quiera que se busca con miras a otra cosa. Lo que en general se busca por otra cosa, no es el fin; lo que se busca por sí mismo y de balde, ahí está el fin.
¿Buscas las dignidades? Quizá las pretendes con el fin de realizar alguna empresa, de llevar a cabo alguna obra, con el fin de agradar a Dios. ¡Bien! Mas no ames la dignidad por sí misma; no te detengas ahí. ¿Buscas la gloria? Si buscas la gloria de Dios, haces muy bien; si buscas tu gloria, haces muy mal. Te quedas en el camino. Mas también tú eres amado, también eres alabado. No te congratules cuando eres en ti alabado; congratúlate sólo cuando eres alabado en el Señor, para que puedas cantar: En el Señor será mi alma alabada (Sal 33,3). Dices, por ejemplo, una buena palabra, y es alabada tu palabra. Que no sea alabada como tuya, pues no está ahí el fin. Si ahí pones el fin o término, tú eres el que te terminas; y no terminas de modo que llegue a tu perfección, sino a tu consunción. No sea, pues, tu palabra alabada como tuya o como si de ti viniera. Pues ¿cómo ha de ser alabada? Del modo que dice el Salmo: En el Señor alabaré mi dicho, en el Señor alabaré mi palabra (Sal 55,5). De ahí resultará que se cumpla en ti lo que sigue diciendo: En el Señor he puesto mi confianza; no temeré lo que pueda hacerme el hombre. Cuando, en efecto, todas tus cosas son alabadas en Dios, no hay que temer se pierda tu alabanza, pues Dios no puede faltar. Luego pasa también adelante de todo eso.
Ya veis, hermanos, qué de cosas hemos dejado atrás, puesto que en ninguna de ellas está el fin. De todo eso usamos como de camino. De todo nos valemos para recobrar nuestras fuerzas en las posadas, y pasamos adelante"... "Ya lo habéis oído: Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas (Mt 22, 40)… Asíos, pues, al amor y estad tranquilos. ¿A qué temes que puedas hacer mal a nadie? ¿Quién hace más a quien ama? Ama, y no es posible sino que hagas bien".       (San Agustín, Serm. 10, 5).

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