Jesús se transfigura delante de ellos. Muestra su gloria, junto a Moisés y Elías, la ley y los profetas. Su intención no es abolir nada, sino darle un cumplimiento pleno a las promesas de Dios en la historia de la salvación. Una finalidad que pasa por la muerte.
Están desbordados por lo que pasa, Jesús los levanta del suelo, «Levantaos, no temáis.». Su luz nos pone de pie, nos quita el miedo, nos llena de seguridad, nos marca el camino, nos da posibilidades de encuentro, de reconocer y reconocernos.
Él es la luz maravillosa que llena de sentido. Es su rostro quien nos da luz, es Él quien nos llena.
Que la transfiguración de Cristo se refleje en mis actos, con mi familia, con las personas que me rodean, dando un testimonio de que Él está en medio de nosotros.
Jesús, ayúdanos a encontrar el amor y la misericordia de Dios Padre.
Luminosa oscuridad
Eres incomprensible.
Pero la oscuridad de tu misterio,
es más luminosa
que nuestras ideologías,
pequeñas luces colgadas
en las encrucijadas.
Eres inaccesible.
Pero tu distancia
es más acogedora
de lo último de mi ser,
que todos los brazos
que se cierran con amor
sobre mis espaldas.
Eres indecible.
Pero tu nombre
orado humildemente,
va manando silencioso
más sabiduría
que los torrentes de palabras
que circulan en la tierra.
Eres inmanipulable.
Pero tu designio
trae hasta mis venas,
una gota de vida eterna
que hace brotar
desde el centro de mi realidad
todas mis creaciones.
(Benjamín G. Buelta, SJ)
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