ATARDECER

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Remar mar adentro

7/4/16

Creer en Cristo





El que Dios envió habla las Palabras de Dios 
porque no da el espíritu con medida" 
(Jn 3,34).  


Dios se nos da a lo grande, por eso su presencia conmueve el mundo y hace brotar en todo desierto la esperanza. 
Jesús nos da el Espíritu sin medida, a manos y corazón llenos. 
En este derroche de gracia descubrimos lo que Dios quiere de nosotros.          


Orar es saber que el agua del Espíritu vivifica 
y alienta toda semilla 
que ponemos cada día en los surcos del mundo.


Dios concede su Espíritu sin medida no sólo a su Hijo Jesús, sino a cuantos deseen recibirlo. 
Los límites los ponemos nosotros con nuestro egoísmo o nuestro miedo. 
Lo reconocen Pedro y sus compañeros ante el sanedrín

(Hch.5, 27-33): el testimonio que ellos dan de Jesús resucitado no proviene de sus cualidades o poder humano; es el Espíritu quien los va guiando y dando fuerzas para obedecer a Dios sin miedo de las amenazas humanas.

- Señor Jesús: que, como tú, 

seamos comunicadores de las palabras de Dios, 
que son palabras de vida, 
de confianza y de buena noticia 
para todos los que anhelan salvación.


 “Reconocer la naturaleza como un espléndido libro en el cual Dios nos habla y nos refleja algo de su hermosura y de su bondad” (LS 12).   


El termómetro de la auténtica intimidad con Dios lo marca el trato a la naturaleza, ese precioso libro en el que Dios nos habla y tiene dibujada su bondad y misericordia. 
¿Sabemos leer el libro de la naturaleza? 
¿Sabemos escuchar a Dios en la más pequeña de sus criaturas? 
¿Sabemos sentir el aire sobre nuestro rostro? 
¿Sabemos mirar y admirar los pequeños detalles que encontramos en el camino? 
¿Sabemos vivir como hermanos? 
¿Por qué no tratamos hoy de vivir con atención? 
Si cruzamos despacio los paisajes descubriremos esos milagros que si vamos con prisa y apurados no veremos. 
Si nos hacemos capacidad, el Señor se hace torrente. 
En Jesús sabemos cómo es Dios, 
lo que le gusta a Dios 
y lo que Dios no quiere de ninguna manera. 
Porque Jesús es la revelación total de Dios.

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