ATARDECER

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Remar mar adentro

29/1/16

El Reino de Dios requiere nuestra colaboración



Las dos pequeñas parábolas hablan de confianza.   
Jesús anuncia el Reino de Dios.   
A veces encuentra buena acogida,   
y conoce también fracasos.  
Pero sobre todo está convencido   
de que el proyecto de Dios saldrá adelante.  
La simiente lanzada es de buena calidad  
y el Reino que él vive y predica viene de Dios.  
Invita a no desanimarnos   
cuando los frutos son poco vistosos   
o el crecimiento es más lento de lo que quisiéramos. 
 
"De estas dos parábolas 
nos llega una enseñanza importante: 
el Reino de Dios requiere nuestra colaboración
pero es, sobre todo, iniciativa y don del Señor. 
Nuestra débil obra, aparentemente pequeña 
frente a la complejidad de los problemas del mundo, 
si se la sitúa en la obra de Dios 
no tiene miedo de las dificultades. 
La victoria del Señor es segura: 
su amor hará brotar 
y hará crecer cada semilla de bien presente en la tierra. 
Esto nos abre a la confianza y a la esperanza, 
a pesar de los dramas, las injusticias 
y los sufrimientos que encontramos. 
La semilla del bien y de la paz germina y se desarrolla,
 porque el amor misericordioso de Dios hace que madure". 
(Francisco)





“El Reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra” (Mc 4,26). 


¿Quién sabe lo que va madurando  en los corazones  que se abren a Dios?

¿Qué frutos de comunión, de creatividad  y de vida

estará gestando el Espíritu en el interior de las personas? Recuerda a María,  cómo guardaba las cosas de Dios  en el corazón.

Aprende, como ella, a estar en la palabra de Dios.

¡Qué alegría vivir y orar sobre tu don!

 Orar es no perder la esperanza  y seguir sembrando el Evangelio en el propio corazón.    






“El reino de Dios se parece a un grano de mostaza”

(Mc 4, 31)  


El reino de Dios tiene dentro una fuerza secreta,   
que le llevará hasta su total expansión.   
El reino tiene unos comienzos pequeños   
y de apariencia modesta.

Pero en esa semilla hay futuro   
porque está animada por el Espíritu creador.   
El reino excluye ambición 
del triunfo personal  y de esplendor social.   
La pequeñez del grano de mostaza   
nos enseña actitudes humildes   
para caminar hacia la comunión de todos los creyentes.  


Acoge el rostro de tantos hombres y mujeres   
que buscan y ofrecen la verdad que han encontrado.  
 
- No permitas, Señor, 
que nos obsesionemos   
por el éxito en la misión evangelizadora.   
Que no nos dé miedo 
ser como el grano de trigo   
que debe morir para producir fruto.

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